La Atlántida en Jaén, según la arqueología

“Respecto de lo que vamos a exponer ahora sin preparación alguna, hay que perdonarnos si no podemos reproducir exactamente lo apropiado, pues debemos pensar que no es fácil, sino difícil, representar a los mortales de manera adecuada a la opinión de los otros. Digo todo esto, Sócrates, porque quiero advertíroslo y pediros no menos indulgencia, sino más en lo que expondré a continuación.” Critias.

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Dice Narciso Zafra de la Torre en Ciudad de la Justicia de Jaén. Excavaciones Arqueológicas. Editado por  Consejería de Justicia y Administración Pública. JUNTA DE ANDALUCÍA. Dirección General de Infraestructuras y Sistemas.

“¿Cómo se puede conocer a un pue­blo cuyo modo de vida desapareció hace 4.000 años, del que nos aleja todo lo que somos y hacemos, y del que no nos ha llegado ningún regis­tro escrito? Una forma es aferrarse a lo que se comparte. Pero ¿qué nos queda de ellos? No nos unen vínculos socia­les, religiosos, políticos, ni económicos pero hay algo que compartimos de inme­diato: los rasgos generales del paisaje. Cualquiera de sus habitantes, desde lo que hoy es el bulevar, veía prácticamente el mismo relieve que aún vemos noso­tros: la Campiña al norte y al oeste, mucho más boscosa y sin olivos, el cerro del castillo al sur sin el castillo, y la Sierra de Jaén al este. Y pese a los enormes cam­bios sufridos reconocería la Mella, Almodóvar, el Neveral y la Peña porque son formas que aún no hemos podido destruir.”

Es precisamente sobre la base del paisaje que he planteado mi hipótesis acerca de que Jaén pudo ser el referente de la narración platónica de la Atlántida, pero que, además, es mucho más, ya que la Atlántida es solo un episodio más de su historia enmarcada en ese paisaje.

Y sigue Narciso Zafra de la Torre en su artículo EVOLUCIÓN DE LA MACRO-ALDEA ENEOLÍTICA DE MARROQUÍES BAJOS (JAÉN) 2800 – 2000 A.N.E.

“De manera que entre quienes hemos ocupado en todas las épocas lo que hoy es Jaén el vínculo más inmediato es con el lugar, con la tierra (con el cuerpo de los pueblos que decía Unamuno) y no con la gente (el alma de los pueblos). De hecho lo que le da valor como factor de identidad y como Patrimonio Histórico, lo que nos reúne hoy en torno suyo, no es la continuidad cultural (nuestra cultura no es aquella prehistórica), ni su condición de pasado (la pastness de Lowenthal, esa antigüedad mítica, siempre monumental), sino el hecho de ser un sitio compartido como una herencia, con las comunidades que nos precedieron, entre ellas estos pueblos prehistóricos para los que ni siquiera tenemos nombre y que designamos por sus logros tecnológicos como pueblos de la Edad del Cobre, eneolíticos o calcolíticos3.

3- Calco-líticos y eneo-líticos son sinónimos compuestos por dos raíces, griega la prime­ra (calcós) y latina la segunda (aeneus) que significan bronce, unidas al sufijo (liticos) también griego que significa piedra, y se uti­lizan para designar el periodo entre el neolí­tico y la Edad del Bronce, en esta zona viene a coincidir con el tercer milenio antes de cris­to (3000-2000 ANE).

Sin embargo, ese “alma de los pueblos” puede ser conocida por sus construcciones, por su cultura (no necesariamente escrita) inscrita en el paisaje y en lo que nos queda de su arte, entendiendo por arte no solo lo que hoy nosotros así consideramos, sino en su sentido griego clásico y, más concretamente, platónico:

Según el DRAE: Arte viene lat. ars, artis, y este calco del gr. τέχνη téchnē.

Dice Alicia Olabuenaga García en De la técnica a la techné:

“Nussbaum dice que no se puede encontrar en Platón una distinción sistemática entre episteme (conocimiento) y techné. Dood, en su texto sobre “Lo irracional en los griegos” afirma que a finales del siglo V la techné se entendida como “la aplicación sistemática de la inteligencia a todos los campos de la actividad humana”. Guthrie, en su historia del mundo griego (III,I,115) la define como algo que comprende todas las ramas de la habilidad o inteligencia aplicada, humana y divina , que se opone a la acción de la naturaleza aislada. Por último, Lyons en “La estructura semántica, análisis del vocabulario de Platón”(Oxford, 1963), afirma que la techné y los nombres de las technai concretas actúan semánticamente como objeto directo más común del verbo epistasthai.”

http://serbal.pntic.mec.es/~cmunoz11/techne.html#cuatro

En este sentido podríamos decir que Marroquíes Bajos es una muestra de arte, como resultado de un conocimiento (o cosmovisión), inserta en un paisaje significativo, precisamente, a causa de ese conocimiento. No vamos a analizar aquí esta cuestión, que abordaremos en otros artículos de este blog. Vamos solamente a contraponer las palabras de Narciso Zafra de la Torre en el artículo citado anteriormente y las de Platón en Critias, para señalar cómo el relato (no en su estilo, evidentemente, sino en el trasfondo argumental de lo narrado) de un arqueólogo actual puede asemejarse al de un filósofo del siglo IV A.C.  Intento con esta comparación hacer entender cómo distintos discursos pueden estar hablando en realidad de lo mismo y, de esta manera, intentar eliminar los prejuicios acerca de lo que se nombra, tan a menudo, y a veces por personas instruidas, despectivamente, como mito. Como he explicado en otros artículos, Platón sobre una historia verdadera puso mucho de su parte y construyó una leyenda, pero no de manera muy distinta a como puede hacerlo un escritor hoy día cuando cuenta historias verdaderas con los brillos (de oro, plata y oricalco) de la fábula.

Dice Northrop Frye:

“¿Cómo se manifiesta, concretamente, una mitología? En las sociedades tradicionales, encuentra su expresión en los mitos y en las diversas formas de práctica religiosa. En las sociedades modernas, este papel es asumido por lo que llamamos cultura, con, en su centro, las artes y más particularmente la literatura, la literatura narrativa más que todo lo demás. De ahí la afinidad entre religión y literatura: no porque esta provenga de aquella, o deba reemplazarla, sino porque ambas son variedades de la mitología, adaptadas a sociedades diferentes.”

Vamos a comparar dos textos literarios de distintas épocas y con distinta funcionalidad e intención para comprobar sus paralelismos teniendo en cuenta que en un caso se trata de literatura científica y en el otro de literatura filosófica. Se podrá argumental que el discurso científico no es literatura pero la ciencia, y más tratándose de la arqueología, también construye discursos narrativos. Es en base a este tipo de construcción discursiva de la arqueología que hacemos nuestro análisis.

dice Narciso Zafra en el artículo citado

(los textos en negrita son míos)

dice Platón en Critias, editorial Gredos, 1992

 Básicamente hemos identificado tres procesos: agregación poblacional, in­tensificación agraria y campesinización.

 

 

 

 

En los dos primeros se describe cómo la aldea fue creciendo por un proceso de
agregación poblacional y cómo las defensas (murallas) eran necesarias
para defenderse de posibles enemigos.

 

 Acompañadme en el siguiente razonamiento para que os muestre con mayor evidencia lo que quiero decir. Todo lo que decimos es, necesariamente, pienso, una
imitación y representación. Consideremos la representación pictórica de cuerpos divinos y humanos (…) cuando alguien intenta retratar nuestros cuerpos, como percibimos claramente lo deficiente a causa de la continua familiaridad de nuestra percepción, nos volvemos duros jueces del que no ha logrado una semejanza total. Es necesario comprender que lo mismo sucede con los discursos: que nos agradan los temas celestes y divinos, incluso cuando son expuestos con escasa verosimilitud, pero que analizamos minuciosamente los mortales y humanos.

Los narradores cada uno con sus argumentos (arqueológicos o mitológicos) comienzan su narración planteando el fundamento de la historia de la comunidad que van a describir.

 El proceso de agregación poblacional (2800-2450 A.N.E.)

Como demuestran los asentamientos de La Imora, El Hospital, Fuente de la Zarza, Fuente de la Peña 2 y el propio de Marroquíes Bajos las ventajas estratégicas y eco­nómicas de que goza Jaén ocasionaron su frecuentación por pequeñas comunidades seminómadas durante el V y IV milenios (Figura 2). Pero hasta inicios del tercer mile­nio no se establece el asentamiento (lo llamaremos Z.A.M.B. 3A) que dará origen a la futura macro-aldea ocupando su núcleo central. Estaba rodeado por un foso circular de poca
profundidad y anchura que bordea a una empalizada con bastiones. Ocupaba unos 3.000 m2 y estaba formado por construcciones excavadas parcial o totalmente en la roca y no se han documentado enterramientos al interior.

(…)

Las excavaciones realizadas en uno de los asentamientos del valle de este río (Venta del Llano, Mengíbar) muestran un poblado sin fortificar fechado en 2911- 2778 A.N.E. (Portero, 2005:172). Lo interesante de la ausencia de defensas (ni fosos ni murallas) es que nos señalan que en aquellas fechas, en la cuenca baja del Guadalbullón no había conflictos internos o externos que obligaran a construirlas. Inmediatamente después 2800-2600 A.N.E.
se produce la ocupa­ción de Marroquíes con una primera empalizada con bastiones rodeada por un foso, para, en muy poco tiempo, multiplicar
por cuatro su superficie amurallada construyendo una nueva empalizada con bastiones y un foso mucho mayor (foso 1). ¿Qué provoca este cambio? Nocete (2001) plantea que hacia el 3000 B.C. se produce en la Campiña un proceso de concentración poblacional y con él de in­tensificación económica (cultivo de cereal de secano), que interpreta en base al tamaño de los asentamientos y la presencia o ausencia de fortificación, diferen­ciando los poblados amurallados que concentran población (desde
3300 A.N.E. Alcores y Albalate en Porcuna) y la
población “concentrada” en aldeas sin fortifi­car (El Berral 3000-2500 A.N.E).
Para él la concentración poblacional es un efec­to del proceso de formación de clases sociales en poblados como Albalate que, ante dificultades de la clase de los “no-productores” para aumentar la
extorsión interna (entre “parientes, copropietarios, corresidentes”), expropian (entendemos que conquistan) la tierra de otras comunidades (¿“extranjeras”?) y las obligan a inmigrar como fuerza de trabajo dependiente instalándolas en aldeas como la del Berral (2001:84) y creando una fuerte jerarquización social y territorial.

En realidad está describiendo una situación de conflicto o guerra entre las comuni­dades extorsionadoras y las que se resisten a la extorsión o huyen de ella. Si tuvie­ra razón tendríamos una posible causa de la
agregación, porque el conflicto por la tierra motivado por el expansionismo de los poblados centrales de la Campiña po­dría afectar al Guadalbullón hacia el 2800 A.N.E. haciendo que la población de al­deas sin fortificar como Venta del Llano se refugiaran en un punto defendible y con recursos abundantes.
Por lo que sabemos el conflicto no es coyuntural, Albalate y Alcores acometen entre 3000 y el 1800 cuatro grandes remodelaciones en sus
for­tificaciones (Nocete 1988:54-58) aunque sin aumentar su tamaño, y paralelamente Marroquíes multiplica su tamaño por 113 entre el 2800 y el 2500 B.C. manteniendo sus murallas (aunque no sus fosos) al menos hasta el 2000.

 

 

Tal como dije antes acerca del sorteo de los dioses -que se distribuyeron toda la tierra, aquí en parcelas mayores, allí en menores e instauraron templos y sacrificios para sí-, cuando a Poseidón le tocó en suerte la
isla de Atlántida la pobló con sus descendientes, nacidos de una mujer mortal en un lugar de las siguientes características.

El centro de la isla estaba ocupado por una llanura en dirección al mar,de la que se dice que era la más bella de todas, y de buena calidad, y en cuyo centro, a su vez, había una montaña baja por todas partes, que distaba a unos cincuenta estadios del mar. En dicha montaña habitaba uno de los hombres que en esa región habían nacido de la tierra, Evenor de nombre, que convivía con su mujer Leucipe. Tuvieron una única hija, Clito. Cuando la muchacha alcanza la edad de tener un marido, mueren su madre y su padre. Poseidón la desea y se une a ella, y, para defender bien la colina en la que habitaba, la aísla por medio de anillos alternos de tierra y de mar de mayor y menor dimensión: dos de tierra y tres de mar en total, cavados a partir del centro de la isla. Todos a la misma distancia por todas partes, de modo que la colina fuera inaccesible a los hombres.

Entonces todavía no había barcos ni navegación.

(…)

estaban provistos de todo de lo que era necesario proveerse en la ciudad y en el resto del país. En efecto, aunque importaban mucho del exterior a causa de su imperio, la mayoría de las cosas necesarias para vivir las proporcionaba la isla; en primer lugar, todo lo que, extraído por la minería, era sólido o fusible

(…)

levantaron puentes en los anillos de mar que rodeaban la antigua metrópoli para abrir una vía hacia el exterior y hacia el palacio real. Instalaron directamente desde el principio el palacio real en el edificio del dios y de sus progenitores y, como cada uno, al recibirlo del otro, mejoraba lo que ya estaba bien, superaba en lo posible al anterior, hasta que lo
hicieron asombroso por la grandeza y la belleza de las obras.

(…)

Para utilizar las fuentes de agua fría y caliente que por naturaleza tenían una abundante cantidad de agua en sabor y calidad excelente para el uso, construyeron alrededor edificios, hicieron plantaciones de árboles adecuadas a las aguas, levantaron cisternas al aire libre e invernales cubiertas para los baños calientes -aparte las reales, las públicas y las privadas , además de otras para mujeres y otras para caballos y el resto de los animales de tiro- y ordenaron convenientemente cada una de ellas. Dirigieron la corriente de agua hacia el bosque sagrado de Poseidón -múltiples y variados árboles de belleza y altura sobrenatural por la calidad de la tierra -y hacia los círculos exteriores por medio
de canales que seguían la dirección de los puentes.

 Se relata como esa ciudad, esa comunidad, creció y prosperó gracias a su capacidad de trabajo y organización.

La agregación poblacional surge de un primer conflicto interno, pero consiguen ordenar su sociedad para que el conflicto no acabe con esta. Comprobamos que el tipo de sociedad que describen ambos (organización territorial, urbanística, legislativa, et.) es semejante.

 La intensificación agraria (2450-2125 A.N.E.)

Si la causa de la agregación es el conflicto por la tierra la idea que alienta la cons­trucción del sistema es la defensa. Se necesita un lugar que brinde seguridad a una gran cantidad de población, tanto en el abastecimiento de agua, alimentos y materias primas, como frente a
posibles enemigos. Este sistema es comple­jo porque pretende solventar todos los problemas que presenta la agregación: defensa militar,
abastecimiento de agua y producción agrícola. Hasta donde hoy lo conocemos lo componen 4 fosos concéntricos (numerados como 2, 3, 4 y 5) y dos fosos de conexión (3-4 al oeste y 4-5 al este). Por tanto el sistema no es ex­clusivamente de irrigación y no es sólo circular, los fosos 2, 3 y 4 abastecerían de agua a la macro-aldea, sacarían de ella el sobrante y la dirigirían a los campos, a través de los fosos de conexión 3-4 y 4-5 que son más o menos rectilíneos. El sis­tema cubre todas las necesidades que tienen que ver con el agua: previene ave­nidas, capta, distribuye y abastece, y evacua el sobrante, que se
deriva a la zona lacustre (de ahí el topónimo actual de las Lagunillas).

(…)

Los estudios ambientales disponibles señalan la presencia de campos de cereal y leguminosas en un ambiente ciertamente más húmedo, rodeados de bosques de pinos y encinas y con entornos desforestados cercanos. Todo ello cuadra con las huellas de una numerosa población agrícola y ganadera dependiente de sus cultivos, y necesitada de pastos, frutos
del bosque, madera para construcción y leña (Figura 4).

En cuanto al número, estaba dispuesto que cada distrito de la llanura con hombres útiles para la guerra proveyera un jefe.

(…)

Se decía que la cantidad de hombres de la montaña y del resto de la región era innumerable; todos estaban distribuidos en estos distritos y asignados a jefes según las zonas y las aldeas. Estaba reglamentado que cada jefe proveyera en caso de guerra

(…)

Lo relativo a los puestos de gobierno y los honores estuvo ordenado desde el principio de la siguiente manera.

Cada uno de los diez reyes imperaba sobre los hombres y sobre la mayoría de las leyes en su parte y en su ciudad, y castigaba y mataba a quien quería. El gobierno y la comunidad de los reyes se regían por las disposiciones de Poseidón tal como se las transmitían la constitución y las leyes escritas por los primeros reyes en una columna de oricalco que se encontraba en el centro de la isla en el templo de Poseidón, donde se reunían bien cada lustro, bien, de manera alternativa, cada seis años, para honrar igualmente lo par y lo impar. En las reuniones, deliberaban sobre los asuntos comunes e investigaban si alguno había infringido algo y lo sometían a juicio. Cuando iban a dar el veredicto se daban primero las siguientes garantías unos a otros.

Había muchas otras leyes especiales acerca de los honores de cada uno de los reyes; lo más importante: no atacarse nunca unos a otros y ayudarse
todos en caso de que alguien intentara destruir la estirpe real en alguna de sus ciudades, y tomar en común, como antes, las
determinaciones concernientes a la guerra y a otras actividades, bajo
la conducción de la estirpe de Atlante.

 Esa ciudad, esa comunidad, entró en decadencia, lo que se relata con argumentos centrados en la techné (fundamentales en el relato arqueológico) o en la episteme (relato mitológico), lo que conduce a la descomposición de su sistema social y a la destrucción de la ciudad.

En la narración arqueológica faltan los detalles que aporta la mitológica.
La descripción arqueológica aporta el referente a la mitológica.

 La campesinización (2125-1975 A.N.E.)

 Hacia 2136-2033 A.N.E. la aldea mantiene sus defensas pero el sistema de ca­nalización es abandonado, en parte porque su
mantenimiento es cada vez más costoso. La desforestación ha provocado y acelerado los procesos erosivos en las laderas de la montaña y en los fosos descubrimos niveles de relleno de varios metros de altura que los inutilizaron. El sistema de control del agua es sustituido por pozos dentro de los complejos domésticos, y por determinados canales reex­cavados y revestidos de piedra. A la vez detectamos que, dentro de
la macro-al­dea, las unidades domésticas son cercadas. Esta parcelación interior de la aldea es una novedad que nos incita a pensar en una
parcelación paralela en los cam­pos. Lo explicamos como un proceso de transferencia del control de los medios de producción (fuerza de
trabajo, ganado, subsistencias y tierra) desde la comu­nidad hacia las unidades domésticas (Zafra y otros, 1999). Una vez que todos es­tos elementos son derivados hacia la unidad doméstica se institucionaliza la casa campesina con su espacio de residencia y reproducción (varias cabañas de usos múltiples, pozo, vertederos, e incluso tumba), sus pose­siones (ajuar doméstico, instrumentos, subsistencias, objetos de prestigio, etc.), su parcela de tierra, su ganado y su fuer­za de trabajo. Esta casa marca el origen de los modos de vi­da campesinos.

El hecho de producir para la familia y no para la comunidad tiene como efecto la desigualdad social entre unidades do­mésticas al romperse los
mecanismos de equilibrio de la comunidad. Lo que explicaría la aparición de los privilegios he­redados, transmitidos naturalmente en el marco de los modos de descendencia de las unidades domésticas campesinas. El derecho a la apropiación de la tierra y la consolidación de la familia (nuclear, ex­tensa o múltiple) como unidad económica autónoma dentro del asen­tamiento, va diluyendo los lazos de parentesco fuera de ella, lazos que son sustituidos en parte por formas más o menos desarrolladas de re­laciones de clase, que serán dominantes a partir de entonces.

De una forma o de otra la campesinización ha llevado a la institucio­nalización de la desigualdad.

(…)

El proceso de urbanización (jerarquización interna, jerarquización te­rritorial, posible estatalización) es así bloqueado por la dispersión, que podría entenderse como una especie de mecanismo de defensa de la estructura segmentaria que huye de las nuevas formas de explotación social. Sin embargo a partir del año 2000 A.N.E. se comienzan a detec­tar en todo el sur peninsular tumbas familiares en sustitución de las co­lectivas lo que, para nosotros, es una prueba de que las comunidades segmentarias han empezado a perder la batalla frente a las clasistas.

Durante muchas generaciones, mientras la naturaleza del dios era
suficientemente fuerte, obedecían las leyes y estaban bien dispuestas
hacia lo divino emparentado con ellos. Poseían pensamientos verdaderos y grandes en todo sentido, ya que aplicaban la suavidad junto con la prudencia a los avatares que siempre ocurren y unos a otros, por lo que, excepto la virtud, despreciaban todo lo demás, tenían en poco las
circunstancias presentes y soportaban con facilidad, como una molestia, el peso del oro y de las otras posiciones. No se equivocaban, embriagados por la vida licenciosa, ni perdían el dominio de sí a causa de la riqueza, sino que, sobrios, reconocían con claridad que todas
estas cosas crecen de la amistad unida a la virtud común, pero que con la persecución y la honra de los bienes exteriores, éstos decaen y se destruye la virtud con ellos. Sobre la base de tal razonamiento y
mientras permanecía la naturaleza divina, prosperaron todos sus bienes, que describimos antes.

Mas cuando se agotó en ellos la parte divina porque se había mezclado muchas veces con muchos mortales y predominó el carácter humano, ya no pudieron soportar las circunstancias que los rodeaban y se pervirtieron; y al que los podía observar les parecían desvergonzados, ya que habían destruido lo más bello de entre lo más valioso, y los que no pudieron observar la vida verdadera respecto de la felicidad, creían entonces que eran los más perfectos y felices, porque estaban llenos de
injusta soberbia y de poder.

El dios de dioses Zeus, que reina por medio de leyes, puesto que puede ver tales cosas, se dio cuenta de que una e estirpe buena estaba dispuesta de manera indigna y decidió aplicarles un castigo para que se hicieran más ordenados y alcanzaran la prudencia.

 

 

Como vemos ambos autores construyen un relato, semejante en muchos puntos, a pesar de sus diferentes estrategias compositivas y diferencias de intencionalidad y estilo. Aunque ninguno de los dos autores sean historiadores, en sentido estricto, narran una historia similar en muchos puntos, quizá sobre una misma realidad.

El filósofo e historiador británico Robin George Collingwood pensaba que la sensibilidad histórica se manifiesta en la capacidad de elaborar un relato creíble a partir de hechos que, antes de ordenarlos, carecen de sentido; dice que el historiador es sobre todo un narrador que hace uso de lo que llama “imaginación constructiva”. Aunque, según Hayden White, no tuvo en cuenta que ningún conjunto dado de acontecimientos históricos constituyen un relato por sí mismos. Para White, los acontecimientos son incorporados en un relato mediante la supresión y subordinación de algunos de ellos y el énfasis en otros, la caracterización, la repetición de motivos, la variación del tono y el punto de vista, las estrategias descriptivas alternativas y similares.

 

En un próximo artículo compararemos con detalle la descripción arqueológica de la ciudad con la descripción platónica para determinar en qué elementos fantasea o está mal informado el filósofo, en caso de que Marroquíes fuera el referente para su descripción de la Atlántida.

En próximos artículos haremos un estudio más detallado que tenga en cuenta los procesos cognitivos implicados en la fabulación a partir de objetos y hechos reales, los mecanismos de transmisión oral de historias, leyendas y mitos, la mezcla de historias diversas en un solo relato, etc.

© 2017- Luis Lucena Canales. Queda prohibida la reproducción total o parcial de este artículo sin la autorización expresa y por escrito del autor. E-mail: luislucenac (arroba) gmail.com

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